Con el cuchillo entre los dientes

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Un mentor me dijo una vez: "si tenés bananas, vendé bananas". Corta. Sin vueltas. La frase me quedó porque describe algo que veo todo el tiempo. Tenés un producto que funciona, tenés clientes que pagan, y te frenás esperando a que todo esté más listo, más pulido, más perfecto. Como si el mercado te fuera a esperar.

Es algo que le pasa a muchos y no tiene que ver con el producto. Tiene que ver con la actitud que tenés frente a la venta y con las reglas que te ponés solo.

No esperes a tenerlo todo

El mercado no te pide que estés listo. Te pide que resuelvas algo. Si ya hay 10 personas pagando por lo que ofrecés, el producto funciona lo suficiente. No hace falta que sea perfecto. No hace falta que tengas todas las features. No hace falta que la landing page sea una obra de arte.

Lo que sí hace falta es que salgas a vender.

Muchos emprendedores confunden perfeccionismo con prudencia. Se dicen a sí mismos que están siendo responsables, que todavía no es el momento, que falta una cosa más. Pero esa cosa más nunca llega. Siempre hay algo pendiente. Y mientras tanto, el mercado sigue girando sin vos.

Si el 80% de los potenciales clientes te dice que le falta X para comprar, entonces sí, necesitás X. No porque a vos te parezca, sino porque el mercado te lo está diciendo. El desarrollo de nuevas features tiene que venir de algún lado con evidencia, no de una lista de cosas que a vos te gustaría tener. Si una feature te sube la conversión, dale. Si no estás perdiendo tiempo en algo que el mercado no te pidió.

La realidad es que el mercado decide qué está listo, no vos. Si alguien te está pagando, ya validaste lo suficiente como para buscar al siguiente cliente. No al décimo siguiente. Al siguiente nada más.

La actitud es todo

Con el cuchillo entre los dientes no es agresividad. Es determinación. Es no ponerse reglas que nadie te puso.

Vender no es cómodo, nunca lo fue. Implica que te digan que no, que no te llamen, que te ignoren. Pero eso es parte del proceso. No es un defecto del sistema. Es el sistema funcionando.

El que vende sabe que cada "no" lo acerca un "sí". No es una frase motivacional, es matemática. Si hablás con suficiente gente algunos van a decir que sí. El problema no es que te digan que no. El problema es que no hablás con suficiente gente.

La matemática que nadie te enseña

Muchos se frustran y el problema no es el producto. Es la expectativa.

Si hablás con 10 potenciales clientes y 3 te dicen que sí, tu tasa de conversión es del 30%. Depende del producto y del servicio, pero es un número real. El tema es qué hacés con ese número.

Si necesitás 30 clientes, tenés que hablar con 100. Porque el 70% va a decir que no. Y eso no está mal. Es así.

Si necesitás 50, tenés que hablar con 150. No con 50 o 60 como muchos creen. Esa diferencia cambia completamente la expectativa y por lo tanto tu nivel de frustración.

Si necesitás 100 ya sabés, hablá con 300. Se entendió el punto.

Cuando no entendés la matemática te frustrás porque creés que el producto falla. Pero el producto no falla. Estás hablando con poca gente. La solución no es mejorar el producto. Es aumentar el volumen.

El ciclo de venta, dependiendo de tu producto y servicio, es diferente. Hay cosas que se venden en una conversación y hay cosas que llevan meses. Entender eso desde el lado comercial te ayuda a no desmotivarte en el camino.

No todo lead califica

Que alguien no compre no significa que tu producto sea malo. Significa que no es tu cliente. En ¿Quién paga por mi producto o servicio? bajé cómo identificar al pagador real. No todo el que parece pagador lo es y hay que aprender a filtrar.

Esto es clave. Hay gente que parece ideal en el papel pero no califica. Y hay gente que no parece ideal pero paga encantada. El mercado es más raro de lo que pensás.

Cuando un lead no califica no es un fracaso. Es una filtración. Tu sistema está funcionando. Estás encontrando a los que no son para vos y eso te acerca a los que sí.

El tema es cuando tomás cada "no" como una crítica personal a tu producto. No lo es. Es simplemente que esa persona no tiene el problema que vos resolvés, o no tiene el presupuesto, o no es el momento. Son mil razones que no tienen que ver con vos.

Lo que sí tenés que hacer es seguir hablando. Porque entre más gente hables, más vas a encontrar a los que sí califican. Y esos son los que importan.

Ir a vender no es un acto de fe

Ir con el cuchillo entre los dientes no es confiar ciegamente. Es entender que la venta es un proceso con números, y que esos números te dan un mapa.

Pero la actitud no es llevarse a todos por delante. Vender también es un arte, y parte de eso es prepararse y sobre todo escuchar al potencial cliente. Que sea un ida y vuelta, empatizar, demostrar por qué la solución es buena. No repetir como un loro lo que ofrecés sin respirar y sin tener ni idea de las necesidades reales del otro. Ese arte también te ayuda a aumentar la conversión.

Si tu conversión es del 30%, sabés cuántos necesitás hablar. Si tu ciclo de venta es de dos semanas, sabés cuándo esperar el resultado. Si tu lead ideal no califica, sabés que tenés que seguir buscando.

La diferencia entre el que vende y el que no muchas veces no es el producto. Es la actitud. El que vende sale a hablar con gente, entiende los números, procesa los "no" y sigue adelante. El que no vende se queda esperando a que todo esté perfecto para salir.

El mercado no te espera. Salí a vender con lo que tenés hoy. No con lo que vas a tener mañana.

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