Construyendo un emprendimiento

Podemos tener muy buenas ideas y hacer cosas todo el tiempo para llevarlas a cabo. Generalmente hay un objetivo claro detrás, algo que queremos construir. Pero muchas veces me pregunto: ¿qué tan alineadas están todas esas iniciativas con lo que realmente queremos lograr? Porque sí, estamos ocupados todo el día, haciendo cosas, tomando decisiones, resolviendo. Pero ¿cuánto de eso nos acerca de verdad a esa visión que teníamos cuando empezamos?
A veces la operativa nos come, nos desenfocamos, y terminamos apagando incendios en vez de avanzar. En este artículo intento ordenar algunas ideas. Capaz no hay nada nuevo, pero a veces lo que necesitamos no es algo nuevo, sino ver lo obvio de forma clara. La intención es que todo lo que hacemos en el día a día tenga más sentido, más foco, y realmente contribuya a construir eso que imaginamos desde el principio.
Construyendo
Si pensamos en un emprendimiento como la construcción de un edificio, lo que necesitamos no es solo entusiasmo, sino una base sólida. Si los cimientos no están bien hechos, todo lo que venga después se tambalea. Piso sobre piso, vamos construyendo, y cuanto más firme sea lo que está debajo, más alto vamos a poder llegar. Voy a hablar de varios temas clave: misión, equipo, modelo de negocio, métricas, hábitos, estructura… No es un checklist para seguir paso a paso, ni un orden cronológico rígido. De hecho, cada uno de estos temas daría para artículos enteros. Pero la idea acá es otra: mostrar cómo se conectan entre sí y cómo, al pensarlos de forma integrada, nos permiten construir algo sólido, que sostenga lo que queremos lograr.
1. El equipo emprendedor
Los primeros cimientos —y de los más importantes— son el equipo emprendedor o fundador. Son quienes tienen la idea, quienes creen profundamente en lo que quieren lograr y están dispuestos a arriesgar para llevarlo adelante.
Cuando pienso en emprendedores, me los imagino en la delantera, liderando, marcando el rumbo… pero también metidos en el barro, participando, ensuciándose las manos. Se puede emprender solo, sí, pero no hay nada mejor que transitar este camino acompañado. Contar con alguien que esté tan comprometido como vos, que viva lo mismo, que entienda el sube y baja emocional de cada día y que esté ahí cuando lo necesitás.
Esa persona a la que le podés escribir a cualquier hora porque se te ocurrió una idea nueva o porque hay un incendio que apagar. Y sabés que no solo va a responder, sino que va a estar ahí con la misma energía y las mismas ganas.
El equipo fundador tiene que complementarse. No se trata solo de sumar a alguien “de confianza”, sino de pensar estratégicamente: ¿tenemos experiencia en las áreas clave del emprendimiento? Si el desafío principal es comercial, ¿hay alguien que lo domine? Si es tecnológico, ¿alguien que lo pueda construir? Emprender no es repartir tareas: es combinar fortalezas.
2. La idea
En nuestra construcción, la idea podría ser el primer o segundo piso. No importa tanto el orden en que aparece —a veces surge antes de formar equipo, otras veces después— sino cómo se integra a lo que estamos construyendo. Lo importante es entender qué sostiene a qué.
La idea puede aparecer en cualquier momento. A veces nos damos el espacio para pensar y aparecen ideas nuevas. Otras veces simplemente vemos un problema, una situación que nos incomoda, y se nos ocurre cómo resolverla o mejorarla. Lo interesante es que surge de nosotros, y por ese simple hecho ya nos motiva.
Si además tenemos experiencia en el rubro, mejor, porque entendemos más el contexto. Y si le sumamos creatividad, probablemente sea algo innovador. Pero más allá de eso, hay que enfocarse en que sea una propuesta única. Ya sea por calidad, por servicio, por precio… lo que sea, pero que se note la diferencia.
Y sobre todo: pensar desde el principio si es una idea sustentable. No hace falta que sea un unicornio mañana, pero sí algo que pueda sostenerse en el tiempo. Que resuelva un problema real, de forma viable.
3. De la idea a la misión
Lo que veo muchas veces es que la idea es solo el puntapié. Porque si pensamos un poco más a fondo, muchas veces lo que se nos ocurre no es “un emprendimiento”, sino simplemente una forma de resolver un problema. Por eso, hay que dar un paso atrás y entender el trasfondo.
Y para eso, hay un ejercicio simple pero potente: convertir esa idea en una misión. Preguntarnos:
- ¿Qué queremos hacer?
- ¿Cómo lo queremos hacer?
- ¿Por qué lo queremos hacer?
- ¿Para quién lo queremos hacer?
Cuando respondemos esto, dejamos de mirar solo la idea y empezamos a ver el todo. Nos abstraemos y le damos contexto. Lo que obtenemos es algo parecido a una misión: una declaración que nos representa, que explica qué hacemos y para quién, y que nos posiciona.
Esa misión termina siendo nuestra carta de presentación. Hacia afuera y hacia adentro. Nos ayuda a enfocarnos, a priorizar, y también a inspirar.
No tiene que ser perfecta, ni súper larga. De hecho, cuanto más simple y concreta, mejor. Lo importante es que sea real, alcanzable y que nos identifiquemos con ella.
El objetivo es ese: pasar de una idea a algo más grande, a algo que podamos abanderar con convicción.
4. El modelo de negocio
Una vez que tenemos clara la idea —o mejor aún, la misión— podemos pasar a pensar el modelo de negocio. Y cuando digo “modelo de negocio”, no me refiero a pasar semanas armando un documento complejo y eterno. Todo lo contrario.
Se trata de algo sencillo, que nos ayude a pensar en los distintos aspectos clave del emprendimiento. Para eso, una herramienta muy útil es el Business Model Canvas, que resume en nueve bloques los pilares básicos del negocio:
- Socios clave: Proveedores o aliados estratégicos que ayudan a brindar la propuesta de valor.
- Actividades clave: Las tareas más importantes que debemos realizar para entregar valor.
- Recursos clave: Lo que necesitamos para operar: personas, tecnología, infraestructura, dinero.
- Propuesta de valor: Lo que ofrecemos y por qué alguien nos elegiría.
- Relación con clientes: El tipo de vínculo que queremos construir (personal, automatizado, autoservicio, etc.).
- Canales: Cómo llegamos a los clientes (propios, de terceros, online, físicos).
- Segmento de clientes: A quiénes apuntamos, con qué características y necesidades.
- Estructura de costos: Qué gastos tiene el negocio para funcionar.
- Fuentes de ingresos: Cómo generamos ingresos (venta directa, suscripción, comisión, alquiler, etc.).
Tener aunque sea una definición básica de estos puntos ya nos da una visión más completa. Nos permite ver dónde estamos parados, qué necesitamos y qué tan realista es lo que queremos construir.
Obviamente, cada bloque se puede profundizar más adelante —por ejemplo, con un plan financiero o una estrategia de canales—, pero esto sirve como puntapié inicial. El canvas es simple, visual y muy útil para ordenar ideas sin caer en la parálisis por análisis.
5. Las métricas clave
A partir del modelo de negocio, podemos identificar las métricas clave, también conocidas como KPIs. Son aquellas que nos permiten medir el estado y el desempeño del emprendimiento de forma objetiva.
Para que sean útiles, las métricas tienen que ser:
- Simples
- Relevantes
- Medibles
- Accionables
- Alineadas con nuestros objetivos
En otras palabras, tienen que ayudarnos a entender dónde estamos y hacia dónde vamos.
Las métricas no solo sirven para tener claridad. También son herramientas concretas para:
- Definir objetivos con foco
- Tomar mejores decisiones en el día a día
- Planificarnos de forma más realista
- Comunicar de manera efectiva, tanto hacia dentro como hacia fuera
- Trabajar en equipo con más alineación y transparencia
El tipo de métricas a seguir depende del tipo de emprendimiento, pero en general se pueden agrupar en distintos niveles:
- Métricas generales: aquellas que reflejan el desempeño global del negocio
- Métricas funcionales: específicas de cada área (marketing, ventas, operaciones, etc.)
- Métricas de equipo o proyecto: ligadas a iniciativas o ciclos de trabajo específicos
Elegir bien qué medir —y revisar esas métricas con regularidad— puede ser la diferencia entre avanzar con rumbo claro o simplemente moverse mucho sin saber a dónde se va.
6. Estructura de áreas
Dentro de un emprendimiento hay muchos tipos de actividades, y cada una requiere habilidades distintas. Por eso, el equipo es clave, pero no alcanza solo con tener buenas personas: también es importante cómo se organizan.
Al principio, los emprendedores hacemos de todo. Vamos cambiándonos de sombrero según el momento. Pero aunque seamos pocos, es muy útil hacer el ejercicio de definir las áreas del emprendimiento. Pensarlas como si ya existieran. No para burocratizar, sino para visualizar cómo debería funcionar todo en conjunto.
Este ejercicio nos permite:
- Entender a qué área corresponde cada tarea que hacemos
- Detectar qué áreas están más cubiertas y cuáles necesitan atención
- Identificar qué roles podríamos necesitar a futuro
- Planificar futuras contrataciones o delegaciones
Aunque no tengamos aún a la persona ideal para cada área, saber que esa área existe nos ayuda a pensar mejor las prioridades y a tomar decisiones más alineadas.
Cada una de estas áreas es un pilar del emprendimiento. Y como en toda estructura, lo importante es que esos pilares crezcan de forma pareja. Si un área crece desproporcionadamente respecto a las demás, se genera un desbalance que puede traer problemas.
Un ejemplo clásico: lanzamos una gran campaña de marketing, generamos un montón de atención… pero no tenemos producto suficiente para responder. Desde lo comercial puede parecer un éxito, pero desde la experiencia del cliente, no.
Lo saludable es que todas las áreas evolucionen en conjunto. Que haya coordinación, equilibrio y visión compartida.
7. De objetivos a iniciativas
Hagamos un repaso rápido, porque sé que hasta acá ya hay mucha información.
Arrancamos con el equipo emprendedor, que es el primer gran sostén de cualquier idea. Sobre esa base definimos una misión, algo que nos dé dirección. Luego pensamos un modelo de negocio que la haga viable, identificamos las métricas clave que nos ayudan a medir y accionar, y entendimos cuáles son las áreas funcionales necesarias para que todo eso se pueda ejecutar.
Con todo eso sobre la mesa, estamos en condiciones de empezar a hablar de iniciativas. O mejor dicho, de qué vamos a hacer concretamente para que todo esto avance.
Una forma sencilla de ordenarlo es definiendo objetivos para un período corto y manejable —por ejemplo, tres meses— y que esos objetivos estén directamente vinculados a las métricas clave que definimos antes.
¿Cómo elegir las métricas del momento? Pensando en lo que más necesita el emprendimiento en esta etapa. Si, por ejemplo, el costo operativo es más alto de lo deseado, pero estamos en fase de crecimiento, tal vez no sea momento de optimizar costos sino de conseguir más clientes. Lo importante es foco: menos objetivos, pero bien elegidos.
Además, no deberían decidirlo solo los fundadores. Si ya hay responsables por área, involucrarlos en la definición genera más compromiso y mejor entendimiento del negocio.
Una vez que tenemos los objetivos claros, podemos definir las iniciativas: las acciones concretas que creemos que moverán esas métricas.
No hay una bala de plata. Lo mejor es pensar varias posibles iniciativas y priorizarlas en función de su costo, tiempo e impacto estimado. Porque los recursos son finitos, y cada minuto cuenta. Cuanto antes podamos ejecutar, medir resultados y aprender, mejor.
Lo ideal es probar antes de invertir mucho. Evitar embarcarse en un proyecto de dos meses sin saber si va a funcionar. A veces no queda otra, pero siempre que podamos, busquemos formas de testear rápido, aprender y ajustar.
8. Hábitos que sostienen
Ya construimos nuestra base. Piso sobre piso, fuimos definiendo el equipo, la misión, el modelo de negocio, las métricas, la estructura y las iniciativas. Pero la realidad es que nada de eso se mantiene solo.
Por más que lo hayamos definido con claridad en su momento, todo eso requiere hábitos para sostenerlo y hacerlo crecer. Cada uno de esos pisos necesita ser revisado cada cierto tiempo para ajustarse a lo que está pasando.
Preguntas clave que conviene hacerse con regularidad:
- ¿Seguimos persiguiendo la misma misión?
- ¿Cambió el modelo de negocio? ¿Debemos adaptarlo?
- ¿Las métricas que usamos siguen siendo las correctas?
- ¿Necesitamos otro pilar a nivel estructural? ¿Tenemos el equipo necesario?
La constancia en la planificación es fundamental. No siempre vamos a acertar con la primera planificación, pero con práctica y revisiones periódicas vamos afinando el foco y mejorando la ejecución.
Otro hábito esencial es el seguimiento de iniciativas y métricas. No podemos darnos el lujo de revisar una vez por mes. Al menos una vez por semana deberíamos ver los progresos. Si dejamos pasar demasiado tiempo, corremos el riesgo de descubrir tarde que no estábamos avanzando en la dirección correcta.
El ciclo es claro: Probar → Aprender → Iterar. Fundamental: no quedarse quieto.
Para qué sirve todo esto
Como comentaba al principio, todo esto no es una receta ni un checklist. No hay un único camino ni un orden obligatorio. Lo veo más como una forma de ordenarse, de construir un emprendimiento de forma sólida, entendiendo las dependencias y qué cosa da soporte a qué.
¿Se puede tener una idea e ir directo a ejecutar iniciativas? Por supuesto que sí. Y muchas veces es lo que hay que hacer. Pero construir cada piso sobre la marcha tiene sus riesgos. Tal vez funcione… o tal vez, si no lo pensamos bien desde el inicio, terminemos dedicándole más tiempo a corregir después lo que podríamos haber previsto antes.
Ahora, tampoco quiero decir que si seguimos todos estos pasos vamos a tener el éxito asegurado. Hay muchas variables fuera de nuestro control. Pero si nos tomamos el tiempo de construir bien cada piso, probablemente podamos:
- Hacer foco
- Dar pasos más certeros
- Tomar mejores decisiones
- Usar los recursos donde realmente hacen la diferencia
- Trabajar en equipo con más claridad
- Prepararnos mejor para crecer
Y lo más importante: aprovechar al máximo cada minuto que le dedicamos a nuestro emprendimiento.
Si querés ver una presentación donde hablo exactamente sobre este tema, podés mirarla en el siguiente link
